jueves, 10 de julio de 2014

Ecos de recientes apuntes


Quizá especialmente prevenidos por el reciente apunte "Desacomplejamiento a la colombiana", nos ha llamado la atención en la notable cobertura mediática que ha recibido en el concierto barcelonés de Onedirection la división de pronunciaciones del nombre de ese grupo dentro del gremio de presentadores. Así es que hemos visto pronunciar la i tanto a la española como a la inglesa, diríamos que casi a partes iguales. Eso sí, la te siempre muy british.

Un asiduo contribuyente de este blog también nos ha alertado sobre el caso de Nike ,en cuya pronunciación española se ha instalado plenamente el fonema “ai”, algo que no han conseguido Levi´s, Samsonite o Microsoft, pero indefectiblemente convertimos la marca deportiva en un monosílabo cuando en inglés es un claro bisílabo terminado en una tónica i: naikí. Lo ya dicho para referirnos a este tipo de palabras: “ni tuya ni mía”. Otro ejemplo notable de esta categoría son los cigarrillos “Lucky Strike” en que la primera palabra se pronuncia habitualmente con fonética castellana y la segunda con inglesa. Así que en este caso es más bien un equitativo “una para tí y otra para mí”.

También nos ha llamado la atención el caso del edulcorante Suita, aunque no sabemos si es heredero directo del producto que hace años se comercializaba como Sweeta. La dulzura es palabra comercialmente disputada en inglés.  Seguro que, a poco que nos pusiéramos, entre todos sacábamos algunas otras españolizaciones de marcas extranjeras.

Entre las que han renunciado a publicitarse en los mercados hispanos con su pronunciación original nos ha venido a la cabeza el caso de los bolígrafos Paper Mate (compañero del papel) que hace años se anunciaban intensamente, pero llevamos un tiempo sin ver en los medios. Suponemos que su publicidad seguirá pronunciándola “a la española”. Otra marca que tampoco han conseguido popularizar su fonética original es Colgate, algo que sin duda agradecen los creadores de chistes. En este caso resultan especialmente adaptados a la omisión de consonantes habitual en esta Asturias desde la que escribimos (ver ejemplo) y a las peculiaridades del habla argentina. Ya sabrán el del que entra en una tienda y dice:

 - Me da un tubo de Cuélgate?
 - No se dice Cuélgate, se dice Colgate.
- Ah! también vos sos argentino!

Otra tipología interesante, bien que bastante rara, es la formada por las palabras que cambian su pronunciación según se escriban con mayúscula o con minúscula. O sea, según actúen como nombre común o propio. Sirva como ejemplo que son muy pocos los que pronuncian igual la denominación del felino llamado “jaguar” que la marca automovilística “Jaguar”.

Si caben dos pronunciaciones para una misma palabra también puede encontrarse el fenómeno contrario. Resulta oportuno recordar como la marca BMW coincidiría verbalmente en España con una hipotética BMV, mientras que en diversos países de américa se vocaliza como “be eme doble u” aplicando una traducción literal del nombre que recibe la w en inglés. Ya se ve que es todo un mundo este asunto de la pronunciación de marcas en español.

Aprovechamos la brevedad del apunte para enmendar una omisión en la reciente entrada sobre zapatos. Imperdonable despiste no haber incluido allí uno de los anuncios mas ingeniosos y elegantes que conocemos sobre ese particular. La fantástica anfibología visual que puede verse a continuación es una creación del año 2008 de la agencia serbia New Moment New Ideas Company Y&R (ver ficha completa).


Como hemos andando enredando con cuestiones lingüísticas mientras discurren las fiestas pamplonesas, no es inoportuna una final constatación de la enorme resistencia de la palabra mozo a ser sustituida por corredor en la jerga de los encierros, cierto que no se trata solo de correr. Pero no podemos evitar pensar en las numerosas personas que llevarían tirando a mal recibir esa denominación cargada de ya bastante olvidadas reminiscencias de "la mili" en un contexto que no fuera San Fermín.


miércoles, 9 de julio de 2014

De la LOPD a las TEPD ( o la gestión del derecho al olvido)


Anda el personal bastante despistado con la ya famosa sentencia dictada el pasado mes de mayo por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que obliga a los buscadores de internet a eliminar los enlaces a páginas web que contengan determinadas informaciones relativas a personas que hayan solicitado su exclusión (texto de la sentencia en español, advertimos que muy espeso). ¿Esto será bueno, malo o simplemente otra gilipollez? se pregunta el personal.

Cuando nos anunciaban la Nueva Matrix:
pues ya está aquí y no era en cine
Lo que sí está claro es que, una vez mas, se la carga el mensajero. El medio que haya publicado una noticia que ahora se considereque ya “no tiene relevancia o interés público" nada ha de cambiar, lo que se prohíbe es que nos ayuden a encontrarla. Algo así como si faltos de medios para combatir el cáncer optáramos por prohibir contarles a los enfermos su dolencia. Lo tiene, pero que no se sepa. Ya nos parecemos un poquito mas a Matrix, pura realidad virtual. Dios nos libre de falsificar la vera realidad, pero no intenten verla.

Parece que estamos ante un nuevo caso manifiesto de grandes conocimientos de derecho emparejados con una sensible falta de sentido común (esta cuestión ya aparecía en el pasado apunte "La verdad ni en pintura"). Unos tan doctos como sesudos señores que muestran inequívocas dificultades para entender que los ciudadanos quizá deberían tener derecho a decidir por sí mismos qué tiene para ellos relevancia o interés. Eso que se llamaba libertad, no sabemos si se acordarán.

Si ya resulta bastante absurdo responsabilizar al que busca por encontrar las cosas que no se cuestiona puedan seguir estando ahí, no es menos llamativa la caprichosa delimitación de la frontera entre lo que está permitido encontrar y lo que no. Y es que se ha dispuesto que sean los propios buscadores quienes decidan si las peticiones se ajustan a la sentencia. Esto sí que es privatizar la Justicia y, a fin de cuentas, reconocer la incapacidad de la misma para gestionar el patatal que ha sembrado. Veremos cuanto tarda en atenderse la reclamación de quienes entiendan que no han recibido el trato que esperaban por el Google de turno. Y sepa, al menos el primero, que inevitablemente su caso será noticia de relevancia suficiente como para elevar exponencialmente la difusión de aquello que pretendía fuera olvidado. A ver si con ello se consigue que al menos mejore el habitual uso erróneo de la expresión “victoria pírrica” (que es la que ocasiona daños propios desproporcionados con lo conseguido).

Y es que con ser muchas las causas que han generado sus mártires, en este caso no deja de ser curioso que quien pleiteara en busca del olvido de un embargo de la seguridad social haya visto ver como aquel incidente ha pasado ser conocido por un notable sector de la población que nunca tuvo interés alguno en saber sobre sus contenciosos. En cuanto la sentencia sienta jurisprudencia vale, pero en el concreto caso del sr. Costeja ¿entenderán los magistrados que realmente han protegido al demandante en su pretensión? Asumimos que el demandante contaba con ello y pleiteaba por el fuero y no por el huevo. Pero, ¿y si no hubiera sido así?


Es mas, ¿deberían suprimir los buscadores los enlaces a esta noticia para preservar el derecho al olvido del embargo que inevitablemente aflora asociado con la misma? En menudo jardín se han y nos han metido, caballeros.


El camino que está tomando la protección de datos mucho nos tememos que aboca a una inevitable esquizofrenia colectiva en la que el pensamiento se disocia según se ejerza el papel del que quiere saber o se ocupe el de objeto del escrutinio. Por eso ya se nos hace inevitable que el desarrollo de la LOPD (Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal) se complemente con el urgente desarrollo de las tan novedosas como necesarias TEPD (Terapias de las Esquizofrenias por Protección de Datos). Pocos sectores tan emergentes como la psiquiatría.

Si no hace mucho titulábamos el apunte ya enlazado mas arriba “La verdad ni en pintura”, ahora tendremos que añadir “ni en la red”. ¿A que ya se va entendiendo mejor eso de la Matrix que a muchos les parecía tan incomprensible?


Ahora nos falta saber a qué máquinas estamos nutriendo de energía. Mucho nos tememos que sean humanas.

martes, 8 de julio de 2014

Cuando la inspiración procede del arte VIII: portadas con referencias a múltiples artistas


Ya hemos ido viendo como son bastante frecuentes las portadas inspiradas en obras de arte. Más raras son las que combinan una pluralidad de artistas, una categoría a la que vamos a dedicar hoy nuestra atención.

Anticipábamos en el apunte inicial de esta serie las tres portadas de la revista The New Yorker de inspiración "multiartista" en las que participaba Picasso. La primera de ellas era la del primer número del año 1964 en la que una copia del "Guitarrista ciego" (1903) adornaba la pared de un comercio de útiles artísticos. A su lado aparecía una reproducción de unos de los múltiples cuadros de girasoles pintados por Van Gogh en una muestra en la que también es notoria la presencia de copias de obras de Braque o Degas.



Pero la cubierta que realmente batió un récord de pluralidad inspiradora fue la fechada el 7 de enero de 1991 en la que cada uno de los meses se ilustraba con una imagen ad hoc inspirada en las obras o estilos característicos de doce grandes pintores: Picasso, Lichtenstein, Chagall, Rousseau, De Chirico, Warhol, Miró, Dalí, Magritte, Matisse, Munch y Manet. Adviértase que una cuarta parte de los seleccionados por el ilustrador Kenneth Mahood son españoles, la nación más representada seguida de Francia (los franceses son tres, recuerden que Magritte era belga). A su lado hemos colocado la portada de julio del 93 firmada por Bob Knox en la que eran nueve los pintores que aportaban los desnudos allí reunidos.


En esta última entraba en juego un nuevo artista español, Francisco de Goya que lo hacía con la Maja desnuda y se unía así a la aportación hispana encabezada por una no demasiado conocida bañista de Picasso que aparece en primer término. El malagueño era uno de los cuatro artistas presentes en ambas portadas junto con Henri Matisse, Henri Rousseau y Eduard Manet. Este último  repetía cuadro, el  archirrecreado "Dejéuner sur l´herbe" con el que se ilustraba el mes de diciembre utilizando una peculiar versión invernal. Algún día volveremos sobre el uso de esta obra porque requiere un apunte monográfico.


En la misma tira representativa del último trimestre del año "El grito" de Munch pasó a ser protagonizado por el icónico pavo al que tanto se recurre para representar el "Día de Acción de Gracias", mientras que en octubre una calabaza colocada a modo de cabeza en un remedo de la "Mujer recostada en un sofá" (1940) de Matisse nos recuerda que ese mes concluye con la fiesta de Halloween en cuya iconografía nunca faltan las cucurbitáceas talladas que se denominan jack-o’-lantern.

La contribución de este último pintor a la colección playera es el
"Desnudo azul. Recuerdo de Briska" cuya reinterpretación puede verse nuevamente en el adjunto detalle. Debajo se muestran los originales de las dos obras de Matisse involucradas.


Decíamos que el cuarto "repetidor" era Henri Rousseau quien contribuía a la portada más antigua con una variante de la "Gitana dormida" (1897) mientras que colocaba en la colección de desnudos uno extraído de su cuadro "El Sueño" (1810). 


A continuación mostramos una imagen un poco más detallada de la tira correspondiente al segundo trimestre para que pued apreciarse mejor la distorsión aplicada a la gitana seleccionada para ilustrar abril. Un mes que también es habitualmente lluvioso en la Costa Este americana.


El tópicamente florido mayo fue representado con una onírica emisión realizada por una de esas locomotoras que recorren el fondo de diversos lienzos de Andrea De Chirico, el hijo de un ingeniero ferroviario prematuramente fallecido, mientras que el comienzo del estío se relaciona con una veraniega variedad de la sopa Campbell que Andy Warhol lanzó al estrellato del arte pop.


Para crear el Tío Sam que nos recuerda que la fiesta nacional de Estados Unidos se celebra en julio se recurrió al característico estilo de Joan Miró, aunque no hay ninguna obra del artista catalán directamente asimilable a lo representado. Lo contrario que ocurre con Dalí cuyo reloj blando utilizado para representar el punto álgido de la canícula inevitablemente trae a la memoria un fragmento del cuadro "La perseverancia de la memoria" (1931) que fue complementado con algunos derretidos adminículos urbanos.


En el caso de la hoja representativa del comienzo del otoño claramente se evoca, a pesar de las diferencias formales, la obra "La traición de las imágenes" del también surrealista René Magritte que reproducimos a continuación.


El característico universo de Dalí ya se había asomado a la portada de la revista neoyorquina en enero de 1937 con motivo de la celebración de la gran exposición "Fantastic art, Dada and Surrealism" que ocupó las cuatro plantas del MoMa. Esa muestra, que causó notables controversias entre los miembros de ambas corrientes artísticas, sirvió para disparar la popularidad del cuadro que hemos visto anteriormente, pero la recreación de la obra del ampurdanés realizada por Richard Taylor se centró en otros de sus característicos elementos compositivos como son los cajones corporales que Dalí había utilizado en diversas obras fechadas el año anterior. 

Terminamos el repaso de la escenificación de los meses año en el primer trimestre que arranca con unas muy reñidas rebajas cubistas que ilustran el mes de enero.
Siguen un sorprendido personaje de comic propio de la obra de Roy Lichtenstein y una pareja sometida a los efectos de un tornado en el mes más azotado por los mismos. Una ilustración que remeda la composición de Marc Chagall titulada "Sobrevolando la ciudad" de la que existen dos versiones, una en forma de litografía que data de 1924 y la más conocida que es el óleo realizado entre 1914 y 1918 que se exhibe en la Galería Tretyakov de Moscú.


Entre los cuatro desnudos aun pendientes de comentar hay que señalar que en dos casos están extraídos de los cuadros la "Bañista rubia" (1881) de Renoir y del "Desnudo reclinado" (1919) de Modigliani con notable fidelidad. En esta última pintura también conocida como "Le Grand Nu"  se ha sacado pudorosamente del encuadre el pubis al igual que en el caso de la "Maja desnuda".


La figura femenina característica de Fernand Léger más próxima a la representada que conocemos es la del cuadro "Tres mujeres" (1922) que precisamente se exhibe en el MoMa neoyorquino. Comparen vds. mismos.


No es frecuente encontrar portadas basadas en la obra de Léger, una notable excepción es la del semanario alemán Der Spiegel del año 1966 en el que se utilizaba una versión del cuadro "Las tres hermanas" (1952) complementado con billetes para ilustrar el artículo titulado "El arte como inversión".


Otra "legeriana" dama puede encontrarse en una divertida viñeta de Harry Bliss que muestra la sala de espera de una agencia artística que también habría suministrado modelos a Modigliani, Munch, Picasso y Whistler.


Finalizamos el repaso de la playera portada con la doble contribución de Paul Gaugin. Decimos doble porque el propio pintor hace pareja con la nativa tahitiana procedente del cuadro de 1894 titulado "Mahana no atua" (Día del Señor). La figura del artista está extraída de su "Autorretrato con Cristo amarillo" (1890) que también puede verse a continuación.


Como anticipo de un futuro apunte les dejamos con una cuarta "portada multiartista" publicada en mayo de 2001. Se trata de la titulada "Descanso en el Met" en la que Edward Sorel representó catorce personajes presentes en diez obras exhibidas en ese museo neoyorquino, un dato que ya es en sí una importante pista. Una de las figuras ya ha sido tratada en un relativamente reciente apunte, así que esa no se puede fallar. Tampoco deberían errar la identificación de la debida a un pintor muy de moda en España este año. Más difícil es identificar a la modelo de la que ya hemos visto hoy un desnudo. Hasta aquí podemos leer.





domingo, 6 de julio de 2014

¡Cuanto horror!


“Imágenes durísimas” nos advertía ayer el presentador de Noticias Cuatro antes de pasar un video que mostraba la alimentación forzada de ocas para producir foie-gras con el que se ilustraba la reciente prohibición de importación de ese producto decretada en la India. 
Durísima imagen según el baremo aplicado por Noticias Cuatro

Lo curioso es que difícilmente escucharemos esa advertencia ante unas imágenes de, por ejemplo, una de tantas francachelas juveniles en las que se practique el parcialmente similar “beer bong” o el recientemente aflorado "mamading". Cierto es que, a diferencia de la oca, el bebedor o bebedora suele retener el control de la correspondiente manga, pero no siempre, ojo. Y lo de que lo hacen voluntariamente también es cuestionable bastantes veces. 
"beer bong"; para mas detalles del "mamading"
 tienen que buscarse la vida por ahí
A nosotros nos sigue pareciendo mas duro y, sobre todo, degradante ver a un ser presuntamente racional en semejantes situaciones. En todo caso no hace falta que compartan nuestra escala de valores, basta que desactiven el filtro del navegador y busquen “war wound” con Google images: eso sí que son imágenes duras (es curioso como la búsqueda en español produce resultados de mucha menor crudeza).

Precisamente hace unos pocos días se ocupaba Manuel Conthe en su muy recomendable blog “El Sueño de Jardiel” del “experimento de Loftus y Palmer” que analiza el bien conocido fenómeno por el que el lenguaje utilizado para presentar una noticia influye sustancialmente en la percepción de los hechos por los receptores de esa información. Así que ya tienen ustedes a unos cuantos miles de personas horrorizadas ante el asunto de la elaboración del foie gras que a través de ese mecanismo subconsciente reputan uno de los hechos mas ignominiosos que puedan ser vistos en televisión.

Nosotros, como somos mas de marisco, no vemos del todo mal que determinadas organizaciones hayan convertido a esas aves en el centro de su cruzada, por mas que nos parezca bastante mas cruel la cocción de crustáceos vivos a pesar de lo poco expresivos que resultan, aun en su agonía, tan sabrosos habitantes del mar. Y es que como nos pongamos a escarbar, el magno acervo gastronómico que disfrutamos 
se nos queda en una carta de ensaladas. Ahí conduce la libertad de hacer lo que pretenda imponer el talibán de moda y no es difícil intuir que esto de los derechos animales puede liarse hasta ponerles un confortable pisito. La que han liado las personificaciones animales tan habituales en la películas de Disney.


Un león vegetariano: ¿el sueño de alguno?
Si hace unos días hacíamos una incursión en la práctica de la futurología, hoy tenemos que complementarla confesando que periódicamente nos asalta la duda de si no llegaremos a ver una cruzada animalista destinada cambiar los hábitos alimenticios de los depredadores. Que se les impida, en definitiva, aplicar sus atávicos métodos de alimentación que serían sustituidos por la disposición de bien surtidos comederos que harían innecesaria tan fatigosa como brutal lucha por la supervivencia. Y quien sabe si incluso se podría convertir a los grandes carnívoros en saludables vegetarianos. ¡Es tan desagradable ver a un león devorando una presa que en ocasiones ni siquiera está completamente muerta! 

No es fácil adivinar dónde está el límite del emergente animalismo que hace tiempo que ha desbordado el bastante generalizado rechazo del ejercicio de violencias gratuitas sobre los animales. Cierto que hay demasiadas interpretaciones del concepto de gratuidad, sirva como ejemplo la tauromaquia. Pero puestos a llevar las cosas al extremo ahí tiene usted a los jainistas con sus mascarillas destinadas a evitar la accidental ingesta de cualquier ínfimo ser vivo.

Y no deja de tener su triste guasa que el primer país del mundo en aplicar la prohibición al foie gras sea la cuna del brutal sistema de castas que, aunque se haya suavizado bastante, sigue siendo una enorme cortapisa para la vida de millones de personas. Un problema especialmente difícil porque ahí toca enfrentarse a una creencia religiosa, luego con la fe hemos topado. E
l menosprecio que sufre la mujer en la sociedad india no es ajeno a esa particular idiosincrasia que rechaza la igualdad básica de las personas, el auténtico sustrato de las reiteradas noticias sobre brutales violaciones que, además, tan solo son una pequeña parte de las que pasan totalmente desapercibidas al no ser ni siquiera denunciadas.


Pero bueno, tranquilos, que lo de las ocas ya está arreglado en aquel subcontinente. A fin de cuentas no todo el mundo tiene por qué estar de acuerdo en que la política es básicamente un mero ejercicio de priorización de necesidades.


Que pase a horrorizarnos el animalito siguiente. Humanos abstenerse.



sábado, 5 de julio de 2014

Desacomplejamiento a la colombiana


Ha tenido que ser un futbolista colombiano el encargado de recordarnos que en español James se lee james y no yeims. Por fin, habrá dicho alguna de esas abuelas que se han pasado la vida viendo películas de James Stewart (para ellas james estevart) y de James Bond (para ellas james bond) para ahora no ser capaces de escribir correctamente el nombre de alguno de sus nietos. ¿McQué?

Uno de los casos más descriptivos de la evolución de la pronunciación de nombres extranjeros en nuestro país es el del dúo Simon&Garfunkel, que en su momento era unánimemente pronunciado simón y garfunkel. Ya se sabe que los ingleses no usan acentos, apostillaban los más versados en lenguas extranjeras. Pero hete aquí que un buen día del verano de 1970 esta pareja de músicos decidió separase, un hecho que en España produjo el curioso efecto secundario de convertir al bueno de Simón en “Pol Saimon”. Un interesante precedente de que en este orteguiano país también la pronunciación de los nombres extranjeros puede depender de su circunstancia. Paul Simon: solo saimon, acompañado simón. Cierto que con el paso del tiempo un mínimo de coherencia impuso la unificación y algunos hasta trasmutaron el nombre de su compañero en garfankel.

Aunque la proliferación de los medios audiovisuales cada vez hace más frecuente la adopción de la pronunciación en origen, no es fácil establecer cual es la regla general que rige tan indecible cuestión. Según en qué contextos, como te pillen diciendo espaiderman vas a tener que aguantar un ratito de risas entre acusaciones de afectado y quien sabe que otras lindezas.

Una categoría especialmente simpática es la de las pronunciaciones “ni tuya ni mía”. Un buen ejemplo es wi-fi, que solemos leer como uifi, una palabra en la que todo españolito enseguida nota que la uve doble no funciona como en los nombres de los reyes godos o, a falta de habitual desconocimiento actual de los mismos, como en la marca de zapatillas creada por Pirelli con el nombre del sucesor de Recesvinto. Luego será que lo pronunciamos en inglés, infieren rápidamente algunos. Así que cuando excursionan por esos mundos extranjeros, ya sea con o sin apoyo del Imserso, no dudan en solicitar el acceso a la pertinente uifi (o güifi, que diversos grados de casticismo hay) generando con ello un inevitable gesto de extrañeza en el despistado interlocutor. ¡Ah! uaifai acabará por aclarar en voz alta el interpelado, alertado sin duda por la insistente exhibición de un esmartfon por parte del correspondiente peticionario que, alborozado, asentirá con un ¡eso, eso! Y es que igual hasta había sido seguidor del exitoso programa “Escala en hi-fi”.

Como la tostada caiga para abajo como predice la Ley de Murphy no hay nada que hacer. Hay marcas que directamente han tirado la toalla, como es el caso del fabricante de “Scotch brite” (“brillo escocés”, brite es una variante de bright como ya les tenemos contado con más detalle al final de un pasado apunte en el que prometíamos volver sobre la cuestión; hoy cumplimos). Aquí es brite y punto. Póngase a pedir escoch brait y seguro que saldrá de la tienda sin el estropajo verde. Menudos dineros tuvo que gastarse Schweppes para enseñar a pronunciar su nombre, se consolarán en el correspondiente departamento de marketing.

Así que lo bueno de que James Rodríguez naciera en Colombia es que podemos leer su nombre de acuerdo con las reglas de la fonética del español, mientras que si hubiera nacido, pongamos por caso en Móstoles, tendríamos que aplicar las normas del inglés. Y todo apunta a que en esta orteguiana España de la circunstancia, si no se tuerce el previsto fichaje, 
la próxima temporada el del césped será james y los de la grada yeims. 


A todo esto, ¿están seguros de cómo hay que pronunciar en español la palabra catalana Girona que es el nombre oficial de la ciudad y provincia antes llamadas Gerona?

Ya puestos, ¿vds. creen que los americanos también nos obligarán a decir New York en sustitución de Nueva York?





PS - Lo del diario Hoy de la ciudad de Santa Marta no es desacomplejamiento, sino un lamentable nuevo ejemplo de las terribles secuelas mentales que provoca el fanatismo en el fútbol. Por si no hubiéramos tenido que aguantar memeces hasta de todo un Presidente de Uruguay, por simpático que resulte este peculiar mandatario, a cuenta del (tercer) mordisco de Luis Suárez.





viernes, 4 de julio de 2014

Ejercicios de traducción de ilustraciones (y V)

El mensaje propio del Día de San Valentín que puede verse en la adjunta portada de nuestro tantas veces inspirador The New Yorker, en este caso fechado en febrero de 2002, ciertamente no requiere conocimientos de inglés para su comprensión. Pero sí que se necesitan para captar el doble sentido del título de la ilustración de Ian Falconer: “falling in love again”. Un brillante juego con la polisemia de la expresión que se utiliza habitualmente en ese idioma para referirse al acto de enamorarse. Literalmente se dice “caer en el amor”, y no cabe duda de que la amada de la imagen está destinada a sufrir una buena caída, provista, eso sí, de plurales muestras del sentimiento de su pareja.

Fall también sirve en inglés para designar al otoño, por lo que no es raro ver una caída ilustrando el número de alguna revista editada en esa estación, jugando así con el doble sentido de la expresión "fall number". Nos sirve de ejemplo la primera versión de Life cuya historia ya les hemos enlazado en un reciente apunte lleno de sirenas. En el número fechado el 20 de octubre de 1927 los que caían expulsados del Paraíso Terrenal eran unos bastante naifs Adán y Eva. Otro ejemplo de una creatividad similar se encuentra en la portada del número del "National Lampoon" de septiembre de 1984 que estaba dedicado a la moda de Otoño.


Una tercera portada que explota el mismo concepto es la de Film Fun de noviembre de 1932 ilustrada por Enoch Bolles (Fall is here!).

La primavera asímismo se designa en inglés con una palabra polisémica porque spring también sirve para referirse a un muelle. Por ello uno de esos resortes ocupó la portada de la "spring issue" de la revista MAD en 1956, y eso que ya era el número de julio, son licencias que pueden permitirse las revistas humorísticas. Ello sin perjuicio de que ese ejemplar probablemente llegaría a los quioscos en mayo siguiendo la costumbre que tienen algunas publicaciones de posdatar fuertemente las fechas que lucen sus cubiertas. El juego del muelle ha sido repetidamente explotado por esta revista que lo incluyó nuevamente en número de junio del año siguiente, en ese mismo mes del año 65 y en el ejemplar de marzo-abril de 1995 con una variante un poco escabrosa, no en vano recibía la calificación de monstruosa.

 
"Spring training" es el nombre que recibe en Estados Unidos la pretemporada de la Liga de Béisbol, pero también significa "entrenamiento de muelles"

Es curioso comprobar como alguna revista erótica también se ha apuntado al juego con el muelle Este es el caso del número de Beaver de junio de 1977 que recurrió a una cubierta ciertamente artificiosa. 

Cambiamos de tema para preguntarnos ¿qué hace un limón en la portada de una revista de coches?

 

La explicación está en que en inglés suelen llamarse limones a las cosas, y muy particularmente los coches, que son defectuosas o han dado un resultado insatisfactorio. Así que lo representado es una metáfora de los automóviles que no se deben comprar. 
El significado de esa expresión fue brillantemente subvertido en 1960 por la agencia Doyle Dane Bernbach (DDB) en la campaña de introducción del famoso "escarabajo" de Volkswagen en los Estados Unidos. La atención del lector se captaba con un aparente ejercicio de menosprecio del producto al que se calificaba como “un limón”. Una aparente contradicción que se aclaraba en el texto donde se explicaba como el vehículo de la imagen no había pasado los controles de calidad por un defecto en el embellecedor de la guantera. Una deficiencia detectada por el inspector llamado Kurt Kroner según se detallaba en una personificación que servía para acercar la empresa al potencial consumidor. Así que el tan rigurosamente calificado como limón por el responsable de calidad alemán era ese concreto ejemplar y no el modelo de coche tan aparentemente poco adaptado a los gustos dominantes en el mercado norteamericano. Gran marketing de nicho.

Las diferencias en las connotaciones idiomáticas permiten que en mercados francoparlantes quepa la comparación con un limón sin recurrir a explicaciones como la que acabamos de ver. "Mucho jugo" reza el lema del anuncioque sigue, y eso que en francés no se utiliza el equivalente literal a nuestro “sacarle el jugo” a las cosas, un giro que aún haría más expresivo este anuncio en español.


Y después de sacarle el jugo que hemos podido al asunto de la "traducción de ilustraciones", aquí ponemos punto final a esta serie cuya entrega precedente pueden encontrar siguiendo este enlace.



PS - Esperamos que ahora quede m´ss clara la intención de la portada de Edward Sorel en "The New Yorker" del 11 del noviembre del 96, aunque también puede ser conveniente que les mostremos el aspecto de las máquinas electorales accionadas con pulsadores mecánicos que se utilizaron en Estados Unidos hasta el año 2010 para evitar que alguien pudiera confundir el dispositivo representado con una tragaperras.


Concluimos este añadido con otros dos limones que hemos encontrado en la portada de Esquire de diciembre de 1981 a cuenta de los peligros en las adquisiciones de inmuebles y en la de la revista de humor MAD de junio del 88. Esta tenía la peculiaridad de ser una cubierta olfativa que liberaba aroma de limón cuando se rascaba.




miércoles, 2 de julio de 2014

Futurología


Casi todas las previsiones sobre la evolución a largo plazo del progreso científico y tecnológico soportan muy mal la posterior confrontación con la realidad. Ello no impide que periódicamente encontremos algún valiente dispuesto a someterse al habitualmente muy duro juicio del tiempo. Ayer era Iván Gil quien firmaba en El Confidencial el artículo "10 fenómenos (que llegarás a ver) y que van a transformar el mundo por completo" que nos ha parecido entre osado y naíf. Osado parece pronosticar el fin de enfermedades como el sida o el cáncer por mucho que su tratamiento esté consiguiendo constantes disminuciones de las tasas de mortalidad. No es lo mismo, y en el caso del cáncer además juega en contra otra previsión contemplada, cual es la del aumento de la longevidad (pronóstico este no especialmente meritorio), por más que sea bastante dudoso que las generaciones actuales “lleguen a ver” muchos humanos de 150 años. 

También parece bastante evidente el previsto crecimiento del parque de coches eléctricos, al menos en el corto y medio plazo, después ya se verá, mientras que hay que esperar que a la prometida computación cuántica no le ocurra lo que a los reactores de fusión nuclear, que van muy retrasados respecto a los pronósticos más pesimistas. Incluso ya hay quien pone en duda su desarrollo comercial en ese horizonte de que “lleguemos a verlo” los actuales lectores de tales previsiones.

Tampoco falta el inevitable toque catastrofista que se concreta en el anuncio de una extinción masiva de especies. Un hecho bastante improbable en el caso de los mamíferos si se tienen en cuenta tanto los medios tecnológicos disponibles para apoyar la reproducción como el esfuerzo que se está haciendo para evitar esa tragedia. Cuestión distinta es que veamos una sensible reducción de las poblaciones de algunas especies, especialmente en libertad.

Los anticipados últimos coletazos de los teléfonos fijos, aparte de que no cambiarían gran cosa el mundo, nos han recordado la en su momento muerte segura vaticinada a la radio a manos de la televisión. Ya se vio que no se tuvo en cuenta la cantidad de cosas que pueden hacerse mientras se escucha la primera que son incompatibles con seguir un programa en una pantalla. En lo del fijo podría ser clave la disponibilidad de ancho de banda, así como alguna consideración económica.

Una vez tocado el asunto de la pugna entre radio y tv, no está de más recordar que la imagen ha fracasado en otros territorios como el de las videollamadas, que no consiguen triunfar pese a su disponibilidad técnica. Una historia repetitiva porque la compañía AT&T lanzó el videoteléfono en 1970 con una previsión de alcanzar millones de usuarios en una década, pero en 1974 decidió cancelar el servicio con apenas 500. Oficialmente se achacó al elevado coste de los terminales, pero el tiempo nos dice que en la mayor parte de las conversaciones telefónicas no media ninguna necesidad de verse. Es más, cada vez hay más contextos en que se evita el absorbente y monotarea hablar por teléfono, en parte equivalente a ver la tele, por la multitarea y más distante mensajería interactiva que, entre otras cosas, permite evitar revelar qué se está haciendo y el estado de ánimo. 

La comunicación interpersonal es un territorio que ha dado muchos disgustos a los futurólogos, como bien sufrió nuevamente la propia AT&T. Escarmentada por el fiasco del videoteléfono, en 1980 decidió encargar a la flor y nata de la consultoría estratégica (McKinsey & Co.) un análisis de la previsible evolución de la telefonía móvil. La cifra estimada para el mercado norteamericano en el año 2000 no llegó al millón de clientes. Una previsión que, pasados los años, permitió comprobar que el error cometido había sido de más de 100 veces. Y es que la cifra alcanzada en el año fijado como horizonte ascendió a 109 millones de usuarios. 

Como la referencia que se hace en el artículo que estamos comentando a la impresión 4D nos parece una moto parecida a esas ecografías también llamadas 4D que venden algunos ginecólogos, vamos a terminar este repaso con una crítica del vaticinio que se hace de una economía sin dinero en efectivo. Aquí la clave para fijar nuestra posición nos la ha proporcionado la afirmación de que “el mantenimiento de efectivo le cuesta a la economía norteamericana 200.000 millones de dólares” que, inicialmente, hemos tomado por una de tantas confusiones entre billions y billones. Pero no, efectivamente hemos encontrado un estudio de la Fletcher School de la Universidad de Tufts titulado “The Cost of Cash inthe United States” que ha llegado a esa apabullante cifra. Si se profundiza un poquillo en el análisis se da con un gráfico que desagrega la cifra en sus diversos componentes, entre los que destaca el llamado “Tax Gap”. Esta "brecha", que más bien es un lucro cesante, no es otra cosa que la merma de ingresos fiscales por las transacciones en "negro" que ya se sabe necesitan el inestimable concurso del dinero en efectivo, aunque en algunos casos quepa el trueque.


Así que ya se ve como razones tan poco tecnológicas como las que impidieron que el “video matara a la estrella de la radio” se encargarán de que el dinero en efectivo siga utilizándose durante muchísimos años. La previsión de su desaparición se nos hace fallida con seguridad.

Si les apetece seguir con el tema de hoy pueden encontrar una interesante recopilación de pronósticos tecnológicos errados en una página en inglés perteneciente a la web del economista catalán Xavier Sala i Martin, un conspicuo independentista y culé. Nosotros les dejamos con algunas ocurrencias de los años treinta aparecidas en revistas de divulgación tecnológica americanas que nos parece es bueno recordar antes de ejercer de futurólogo (y eso que la primera no iba del todo descaminada, no hay aerolínea magnética, pero sí trenes).