jueves, 15 de agosto de 2019

El oteador de portadas (44): circo con elefantes en The New Yorker


En la 39ª entrega de esta oteadora serie veíamos el doble uso que la revista The New Yorker ha hecho en su portadas del concepto "el elefante en la habitación". Y en la 42ª abordábamos la presencia de esos paquidermos como representates del Partido Republicano, una simbología que nos llevó a recorrer otras trece portadas. Pero antes de la primera aparición con este último simbolismo, en octubre de 1956, esos voluminosos animales ya habían protagonizado un buen número de portadas, fundamentalmente de temática circense. Tremendo contaste con la hoy inimaginable presencia de un circo con animales en la tapa de tan à la page publicación.

El primer elefante llegó en abril de 1927, cuando la revista tenía poco más de dos años de vida, de la mano de Andre De Schaub, un ilustrador de origen ruso, nacido en 1898, sobre quien hay muy poca información. Esa fue la cuarta de las cinco tapas que aportó al semanario, pero es notable que ese número precisamente incluía su obituario. 

Gran protagonismo tiene también el ejemplar de 1930 de T. G. Haupt (Theodore Gilbert, a si que nada de I.G. como se empeñan en reseñar incluso en la tienda internetal de la editorial Condé Nast). Más discreto papel deseempeñan, en cambio, los paquidermos de las ilustraciones de Sue Williams (1932) y Reginald Marsh (1935), siempre en abril, mes (en que comenzaba la temporada circense, mientras que la de Harry Brown de 1937 muestra el nocturno paseo de una nutrida manada. Y es que hacer desfilar los animales por las calles de las ciudades visitadas era entonces el principal medio de promoción de esos ambulantes espectáculos.  


Proseguimos el recorrido en 1956 con una tapa de Garrett Price que presentamos emparejada con el muy variado repertorio de números circenses representados por Anatole Kovarsky en su ilustración de 1965. Busquen, porque no faltan ahí los proboscídeos. Y en dos de las escenas representadas, además. Debajo unos ejemplares con un discreto papel al fondo de la panorámica del mismo autor fechada en septiembre de 1967 y una imagen con payaso de William Steig de abril de 1988, en la que es la última aparición de un elefante en una portada propiamente dedicada al circo. 31 años han pasado. Y es un contador condenado a no detenerse ya.




Tan solo recordar, ya para finalizar, que la última presencia de circenses elefantes en la tapa de la revisata neoyorquina tenía un carácter metafórico, puesto que como explicábamos en El oteador de clichés en las portadas (42): elefantes republicanos en The New Yorker, la ilustración Political Circus de Bob Staake era una referencia a las muy disputadas primarias republicanas para las elecciones presidenciales de 2012, que acabarían por investir candidato a Mitt Romney.









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