martes, 13 de agosto de 2019

Toni Morrison y Kara Walker


La última portada de la revista The New Yorker está dedicada a la recientemente fallecida Toni Morrison. Una elección que nos ha hecho reparar en la escasez de homenajes que ha recibido desde el humorismo gráfico la primera escritora de raza negra, categoría bastante más amplia que el afroamericana utilizado en muchas crónicas (como esta), que ganó el Premio Nobel de Literatura. Concretamente el de 1993.

Una de las excepciones es la adjunta viñeta de Signe Wilkinson publicada en The Phildelphia Inquirer. Y queremos creer que de no haber estado de vacaciones, Agustín Sciammarella habría dedicado a esta activista de los derechos civiles uno de su retratos en El País.


Volvemos con la revista neoyorquina, que encomendó su homenaje a la artista, también negra y afroamericana, Kara Walker. Y no estamos seguros de que asignar la tarea a una apasionada del recurso a las siluetas haya sido la mejor elección, porque encontramos el resultado un punto falto de alma. O quizá sea sobrado, no acabamos de tenerlo claro. Pero no nos hace sentir la reivindicativa obra de Morrison.

En el artículo de presentación de esa portada, publicado hace ya algunos días, pueden verse unos cuantos bocetos preparatorios que, en general, casi nos han gustado más que la pieza final bautizada por su autora como “Quiet As It’s Kept” a partir de un fragmento de la primera novela de Morrison, The Bluest Eye (1970).

La artista plástica nacida en California ya había aportado anteriormente otra portada a la publicación neoyorquina, la del 27 de agosto de 2007, en la que hizo una peculiar recreción de 'La balsa de la Medusa' de Géricault. Una pieza con la que se recordaban los devastadores efectos del huracán Katrina que había azotado Estados Unidos dos años antes y aún estaban demasiado presentes merced a la deficiente gestión de la reconstrucción.

Recordamos que las recreaciones del inspirador cuadro que se exhibe en el Museo del Louvre se tratan en los CLIPDAs LXXXIX, XC, XCI, XCII, XCIII y XCIV.

En cuanto a los característicos silueteados de Kara Walker, cabe señalar que en España ya pudieron verse hace unos cuantos años en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, en una exposición celebrada en el verano de 2008. De la misma procede la imagen que sigue.


Pero no podemos sino reconocer que, entre todas las creaciones que conocemos de esa artista norteamericana, la que nos parece más impactante es la titulada A Subtlety. Una instalación también conocida como Marvelous Sugar Baby, que fue expuesta en 2014 en la Domino Sugar Refenery de Williamsburg (Brooklyn, Nueva York). La presidía una gran esfinge con aparienecia de estar hecha "de azúcar", cuya cabeza era la de una protípica mammy negra. Esa magna pieza aparecía rodeada de negros peones infantiles, para evocar la oscura historia esclavista de la industria azucarera y homenajear a sus sufridos trabajores.


 





P.S.- The New Yorker ha dedicado un considerable número de portadas a los libros, más que a la literatura, pero es notable la ausencia de concretos escritores en esas ilustraciones. Una notabilísima excepción es la tapa de Edward Sorel para el doble número del 27 de junio y 4 de julio de 1994, en lo que es todo un cuadro de honor de la literatura norteamericana. Y no deja de ser notable que Morrison no tuviera un hueco, cuando acababa de recibir el Nobel (no era requisito haber fallecido para optar a esa  portada, como pudiera deducirse de una apresurada conjetura).

En todo caso, buena ocasión de poner a prueba sus conocimientos sobre la literatura de Estados Unidos: ¿a cuántos de los presentes es capaz de poner nombre?








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