domingo, 4 de junio de 2017

Tres síndromes


Esta semana nos han llamado la atención algunos acontecimientos que ponen de manifiesto las que se nos hacen auténticas patologías sociales. Vamos con lo que hemos dado en convertir en tres síndromes.


El síndrome del panem et circenses

Después de lo visto ayer, ¿queda algo que añadir aparte de lo diferente que son las preferencias castellanas y catalanas?



El síndrome del castigo a lo Al Capone

Es proverbial que el famoso gangster Al Capone acabó siendo encarcelado por delitos fiscales y no por otros crímenes mucho más graves que se le atribuían. 

Una circunstancia que nos ha evocado el hecho de que la dimisión del fiscal anticorrupción Moix no haya llegado por las cuestionables y cuestionadas decisiones que tomó en el ejercicio de su cargo, sino por un hipócrita juicio moral a cuenta de una ciertamente inusual herencia.

Ya no basta con cumplir la ley, también hay que ajustarse a los preceptos moralinizantes que dictan los influencers de turno. Los que con seguridad habrían actuado de la misma forma que el fiscal llegados a esa situación (subsíndrome 'cuando vende Espinar no se llama especular'). No diremos que son tribunales de honor porque están prohibidos por la Constitución, pero se les parecen mucho. En todo caso, no echaremos de menos en el cargo al polémico fiscal.

Lo malo es que, entretanto, de lo que no se habla es del escandaloso dato que apunta Santiago González en su blog: en 2016 se incoaron en esa fiscalía 340 procedimientos de los que solo 22 llegaron a juicio.



El síndrome del protagonismo a toda costa (o  querer ser la niña en el bautizo,... y la muerta en el entierro)

La concurrencia el pasado fin de semana de tres asesinatos de mujeres por parte de sus exparejas es una pésima noticia que, sin embargo, no resulta tan sorprendente a quienes están familiarizados con las series temporales. Véase en el siguiente gráfico como el mal dato respecto al mismo periodo del año precedente acumulado a finales de mayo de 2016 no impidió que se terminara con la cifra de muertas más baja contabilizada desde que hay registros homogéneos. Lo que no quita para que la cosa pinte mal en este 2017.

Fuente: Observatorio de la Violencia de Genero 

Pero el influyente sector de opinión que no admite que este problema del 'desafecto asesino' pueda tener otro protagonista que la mujer, dificulta que se preste la debida atención al dato que en 2017 está resultando verdaderamente escalofriante: los seis niños (y niñas) asesinados que llevamos, el último de tan solo 8 meses de edad. Ello cuando en todo 2016 tan solo hubo una víctima de esas características. Cierto que fue un año excepcional, pero ahora ya hemos alcanzado en 5 meses el máximo anual de la serie histórica disponible.

No cabe duda de que hay un grave problema de violencia contra la mujer, y no olvidemos la mucha que no es mortal, pero también hay otras gravísimas violencias derivadas de la perversión de las emociones. Las que, al igual que la elevada tasa de suicidios entre los agresores, ponen de manifiesto que este no es un problema exclusivamente de género. Y no querer verlo es renunciar a combatirlo con eficacia. En algún sitio lo hemos visto expresado de una forma que nos parece bastante acertada: no las matan tanto por ser mujeres como por ser "sus" mujeres. Y los frecuentes suicidios (mas los intentos) no dejan de ser un "se viene conmigo".

Y ahora a ver si algún diputado tiene la bondad de explicarnos por qué el huérfano de una cajera asesinada por un atracador deber tener un trato, en forma de pensión, distinto al que ha visto a su madre asesinada por su expareja. ¿Les parece justa esa reduccionista forma de protección de la infancia?

¡Pobre Constitución Española sometida a tan interesados intérpretes!







P.S.- No podemos dejar de tener un recuerdo para el caso que no puede sino sonrojar a los redactores de la ley en vigor. El del bombero transexual que exige que no se le aplique la misma por haberse convertido oficialmente en mujer (mas detalles). Mismos hechos, cometidos por la misma persona, sujetos a distinta tipificación según la decisión administrativa sobre su sexo. ¡Toma justicia!





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