miércoles, 24 de julio de 2019

El turismo en las portadas de la revista The New Yorker


“Power Trip”  (Marcha arrolladora) es el título de la ilustración de Joost Swarte que luce en su portada el último número de la revista The New Yorker. Una crítica visión del turismo que, sin embargo, se obvia señalar como tal en la presentación de la sra. Mouly. Un artículo en el que prefiere preguntar al autor sobre el efecto de internet en el disfrute de los viajes, cuestión que, como veremos más adelante, ya plasmó de forma espléndida Mark Ulrikssen en julio de 2012. Y no menos sorprendente nos ha parecido que el dibujante neerlandés escoja Montevideo como el lugar más exótico al que ha viajado.

Como colofón de esa desafinada cover story se añaden tres de las muchas portadas que la revista neoyorquina ha dedicado a los viajes vacacionales. Todas ellas bastante antiguas, con lo que entendemos se da una visión muy limitada del tratamiento gráfico dado a esa cada vez más debatida cuestión. Pues ahí va Sofi en función supletoria. 

Entendemos particularmente imperdonable el olvido de recordar la tapa de Bruce McCall Swimming Upstream  (Nadando contracorriente), publicada en octubre de 2011. Una ilustración que escenificaba en Times Square la segregación de visitantes y lugareños que seguramente envidiarán no pocos habitantes de algunos de los más concurridos destinos turísticos. No se pierdan los detalles de la cartelería, que tienen su interés.

Saltamos hasta abril de 1931 para ver la tapa en que Helen E. Hokinson llevó a la rotunda protagonista de muchos de sus trabajos hasta la ciudad de Pisa. Inauguraba así una viajera serie que posteriormente transportaría a esa ociosa dama a destinos como Venecia, Egipto o Japón.

La extensión que pretendemos permitirnos hace imposible dar una completa panorámica de los destinos tratados en las cubiertas de esta revista, así que vamos a limitarnos a destacar un par de ellas más que están ambientadas en España. En primer lugar, la referencia a los típicamente españoles encierros realizada en julio de 1996 por Mark Ulriksen en “Double Exposure” (Doble exposición). Y ya se ve que ubica la acción en un inespecífico emplazamiento con ausencia de toda referencia a la típica vestimenta sanferminera, mientras que la taurina figurita más bien evoca el Torico de Teruel que, evidentemente, no es. Desconocemos las fuentes de inspiración del artista, pero advertimos superficial conocimiento de lo representado.


Pero la gran portada de esta revista sobre el turismo en España es la del 23/6/1934 que Rea Irvin escenificó en la calle Fernán González de Burgos para utilizar como fondo el espléndido gótico de la catedral burgalesa. Entre las figuras apenas se vislumbra la Puerta de la Pellejería en la ilustración probablemente basada en una imagen tomada en 1922 por M.E. Newman.


También nos parece oportuno traer la ilustración “Ultimate Destination” (Destino definitivo) de Jacques de Loustal, que fue publicada en el número del 20 de abril de 2009. Un apretado compendio monumental, en plan parque temático, con referencias a doce famoso destinos (uno de ellos representado por un mínimo detalle).

Continuamos con la salida vacacional de junio de 1941 en la que Christina Malman jugó con el color para contraponer la gris rutina de los protagonistas con las sugerentes expectativas vacacionales. Una ilustración que tiene conceptual prolongación en la de marzo de 1946 de Rea Irvin en que los turistas pasean sus angulosas figuras grises en un colorido entorno mexicano.

  

Pero procede señalar que Charles E. Martin ya había puesto de manifiesto ese contraste entre la imagen de los pobladores locales y los visitantes en la portada del 6 de agosta de 1938. Tiempos en que el veraneo era cosa de pocos. 

También queremos destacar dos tapas de 1947 en la que Russell Price y Julian De Miskey representaron a unos lugareños, entre sorprendidos y molestos, sujetos a los caprichos de los visitantes. Pero es notable que ya en 1939 Perry Barlow había utilizado la óptica contraria, al convertir a quien bien pudiera ser prototípico lector de la revista en incómodo objeto de la cámara de un visitante de bien patente lejano origen. Una escena que Charles D. Saxon representó nuevamente en aposto de 1974, con algo menos incómodos lugareños neoyorquinos, aunque siempre de aspecto muy wasp, sujetos al escrutinio de unos turistas japoneses. 

  
 

Hacemos una breve excursión a otras cabeceras para documentar una interesante variante en la que los "menos desarrollados" lugareños aparecen dotados de cámaras con las que dar réplica a los visitantes. Particularmente notable la ironía de Percy Lee en la portada de Liberty de julio de 1938, al dotar de una cámara más moderna al indígena que al visitante, mientras que en la de Esquire de julio de 1947 E. Simms Campbell se ajustó a la más común expectativa. 

 

Los buses turísticos han protagonizado hasta cuatro portadas en The New Yorker. Edward Sorel imaginó una variopinta turística fauna en el que puso en circulación en junio de 1997 en la ilustración titulada “Walkers and Gawkers” (Paseantes y mirones), en la que contraponía dos formas de hacer turismo. A su lado puede verse como Bruce McCall escenificó en julio de 2009 una violenta competencia entre compañías rivales.

 

Proseguimos con otro turibus más incluido por David MaCaulay en la tapa de septiembre de 2011, que presentamos acompañada por la de Adrian Tomine de junio de 2007. La hemos dejado para el final, rompiendo el orden cronológico, porque la absorta lectora enlaza con otros poco interesados viajeros representados por Richard Sargent en julio de 1953 en The Saturday Evening Post, la revista entonces más presente en los hogares de Norteamérica. Recurrimos por tercera vez a otra cabecera para confrontar ese desinterés con la actualizada por Mark Ulrikssen en julio de 2012 que anunciábamos al comienzo. Y ya se ve que la versión 2.0 del ¿para eso hemos venido hasta aquí? no solo no arranca paternales protestas, sino una conducta cómplice. 

  
 

Un tipo de creatividad clásica es la consistente en representar los destinos por medio de folletos o etiquetas, un recurso que ya fue utilizado en mayo de 1932 por Constantin Alajalov. No incluyó la bandera de España en el lomo, pero sí que hay dos folletos con referencias a nuestro país, uno de ellos muy poco visible por su pequeño tamañ,  que la protagonista sujeta debajo del brazo. 

En el apunte Sombras en las portadas de la revista The New Yorker ya comentábamos la  composición con la que Rea Irvin ponía de manifiesto en agosto de 1941 la bélica situación que se vivía en Europa, en la que España estaba representada con una publicación de tópica taurina portada. Y tampoco falta una referencia a nuestro país en la ilustración de Michael Roberts que incluye una pegatina de Marbella en la aleta del viajero tiburón representado. Completa la siguiente serie la más enjundiosa aportación a esta tipología creativa realizada por Bruce McCall en abril de 2005 con satíricas visiones de diversos destinos.

 
 

Finalizamos con una ilustración de abril de 1934 de Abner Dean a la medida de quienes dicen viajar para encontrarse consigo mismos y otra, un tanto aguafiestas, de Constantin Alajalov que en septiembre de 1940 recordaba que ese vacacional periodo no es sino parte de un ciclo con vuelta al punto de partida.







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