Comenzamos este 38º recorrido lingüístico del año con el artículo publicado en Verne por Jaime Rubio Hancock en el que expone algunos estudios que muestran que Las mujeres llevan siglos liderando el cambio lingüístico. Un curioso fenómeno que no parece ajeno a la importante presencia femenina en el campo de la educación.
Álex Grijelmo tituló su columna del pasado lunes No diga “ama de casa”, diga RCH. Un artículo suscitado por la sutitución realizada en el EGM (Estudio General de Medios) de la expresión “ama de casa”, que se venía utilizando incluso cuando un varón se encargaba de comprar, por el larguísimo “responsable de las compras habituales en el hogar”. Un cambio que se suma a la retirada en 1998 de “cabeza de familia”, que pasó a ser “sustentador principal”.
Coincidimos en que habría pensar en denominaciones menos artificiosas. Y aunque no es labor fácil, no nos encantan sus popuestas de “familiar mejor pagado” (FMP) y “persona que hace la compra” (PQHC). Máxime cuando en el segundo caso no se trata solo de hacer la compra, sino que también hay una funcion de administración que bien merecería reciclar el eclesial ecónomo, -a.
Marta Prat Sabater trató en el Martes Neológico del Centro Virtual Cervantes sobre infusionar. Una de tantas novedades léxicas propiciadas por el creciente interés por la gastronomía, que en este caso ha desplazado al verbo infundir, de significado menos específico. El que selecciona la autora para el neologismo tratado es «introducir un ingrediente en un líquido caliente con el fin de que desprenda su sabor, aroma, color y nutrientes y estos se mezclen con el líquido».
Dos términos poco utilizados hemos encontrado en el humor de esta semana. Las zurrapas que, según Esteban, habrían dejado para la posteridad sus señorías, y el neológico empotrador cuyo uso hemos rastreado hasta el año 2011, sin conseguir obtener mucha luz sobre su origen. Se agradecería cualquier aportación. O, mísmamente, un Martes Neológico.


El martes recordaron que, aunque en las palabras que empiezan por ps el uso culto suele preferir las formas que mantienen la p (psicología frente a sicología), el elemento compositivo seudo-, que significa ‘falso’ y forma parte de palabras como seudónimo, seudópodo o seudología, es una excepción en la que se aconseja la variante sin p.
En el siguiente apunte recomedaron utilizar las palabras lutier y lutería, sin hache después de la te, con preferencia a la voz francesa luthier y a la forma híbrida luthería para referirse, respectivamente, al artesano que construye o repara instrumentos de cuerda y al oficio en sí.
El jueves propusieron utilizar las expresiones tarjeta verde o tarjeta de residente o de residencia (permanente) en lugar del anglicismo green card, con el que se alude al documento que permite a quienes no tienen la nacionalidad estadounidense vivir de forma permanente en ese país.
Y ayer hubo doble apunte. El primero recordaba que la escritura tradicional del nombre de la ciudadela inca es Machu Picchu, con doble c en la segunda parte de la denominación. Y el segundo que el sustantivo náufrago se escribe con tilde en la primera a, no en la u como se ve con cierta frecuencia.

Lo primero que hemos leído esta semana en el Laboratorio del Lenguaje del Diario Médico es el artículo Homeopatía en el que Fernando A. Navarro analiza la, en español, anómala presencia en ese término del formante de origen griego –patía, habitualmente utilizado en nuestro idioma para indicar enfermedad. Una consecuencia del calco de una denominación creada en alemán por Samuel Hahnemann como Homöopathie (literalmente, «enfermedad provocada por principios iguales»). Más lógico, afirma, habría sido utilizar homeopatología u homeoterapia, pero se trata de una anomalía que también detecta en osteopatía, alopatía o hidropatía.
La falsedad corre más deprisa que la verdad es el título del editorial publicado el martes. Un texto en el que se advierte sobre la superior difusión de las noticias falsas y se aporta un muy dañino ejemplo: el artículo publicado en 1998 en The Lancet por el médico británico Andrew Wakefield, en el que relacionaba la vacuna triple vírica (sarampión, parotiditis y rubeola) con el autismo. Una falsedad que tiene gran responsabilidad en el resurgimiento del sarampión a consecuencia del movimiento antivacunas desarrollado a partir de aquella alarma luego desmentida.
Con algo de retraso conmemoró el jueves el blog médico el centenario del suicidio, cometido algo menos de dos meses después de matar a su mujer, del músico, psiquiatra y escritor húngaro József Brenner (1887-1919), más conocido por su seudónimo literario Géza Csáth. Tremenda historia.
The Conversation es una web de divulgación cuyos contenidos tiene un rigor muy superior al de la información que habitualmente nos sirven los medios de comunicación. El interesante artículo Por qué los bosques no son el pulmón del planeta del catedrático nos ha sugerido un corolario lingüístico: el peligro de las denominaciones erróneas que consiguen hacer fortuna. Otra variante de ese fenómeno son los títulos literarios, con el significativo ejemplo de Un millón de muertos (1961) de José María Gironella, que tanta confusión ha sembrado sobre el número de víctimas de la Guerra Civil.

Malagón aportó la "hartosis" al catálogo de patologías de la medicina humorística y García Morán una nueva especie zoológica denominada "intencionaria de voto". No mucho menos molesta, parece, que su muy urticante pariente la procesionaria.

Y en esta lingüísticamente muy productiva semana del humorismo, también tenemos una minipartida de Scrabble de Andrés Meixide en La Voz de Galicia.


Concluimos con el propio Sánchez interpretando el cuento de la lechera en la viñeta de Manel Fontdevila en eldiario.es del pasado miércoles (1). No cabe duda de que este es un personaje con mucho cuento.
(1) Un antecedente es la viñeta de Malagón publicada en '20 minutos' en octubre de año pasado.
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